No supimos sus nombres, pero lo pasamos genial
Bueno, pero eso no es lo importante de esta experiencia que tuvimos en Star New, donde habíamos llegado temprano y anduvimos dando vueltas por allí, tomándonos un trago fumando un Camel y viendo gente copada.
A la mitad de la noche y con las espumitas del frizze subidas a la cabeza, estábamos bailando al fondo de la pista, donde teníamos mejor visión. Se nos acercan en ese momento una pareja, bailando y riendo. Yo (Marcos) estaba detrás de Pame, entonces ellos que venían de la misma forma, hicieron que quedaran enfrentadas Pame y la otra chica.
Yo no sabía que hacer, porque el hombre era un tanto mayor y no sabía si le gustaría a Pame. Entonces dejé hacer y seguí como espectador de lo que ocurría. Lo cual fue muy bueno, porque las dos se entregaron a una danza de caricias, de besos, de tocrse los cuerpos una a la otra, seduciéndose y calentándose.
Los hombres solo podíamos gozar de ese momento especial y disfrutarlo sabiendo lo que vendría. En un momento dado entrecruzamos caricias uno a cada lado de sus parejas y pude acariciar más profundamente la piel, el cuerpo, las caderas, los muslos, las nalgas de la otra chica. Eran suavecitas, firmes, de esas que entusiasman de movida y que te hace volar los ratones a mil por hora.
Así estuvimos un largo rato, acariciándonos, besándonos, la chica tocaba mi pene, primero por encima del pantalón y luego consiguió colar su mano por debajo, mientras lamía el cuello de Pame y acariciaba sus pechos con la otra mano y Pamela besaba al hombre, enredados los cuatro en una maraña de placer.
Alguien propuso ir a un reservado, y allá fuimos. Llegamos super calientes, y fuimos sacándonos algunas prendas, no todas, porque estábamos rodeados de gente, y no había otro lugar, y nuestra calentura llegaba al máximo, no se podía ir a ningún hotel o nada parecido porque queríamos gozarnos en ese preciso instante, los cuatro.
La chica jovencita se recostó en un sillón-cama que había en el reservado y yo fui encima de ella, besando su cuello, sus hombros, lamiendo sus pechos, su pancita, y bajando a su hermosa tierna y deliciosa vulva. Allí me quedé un rato largo, prodigando sexo oral mientras Pame se había puesto en cuatro por encima de nosotros, permitiendo al otro hombre una placentera dedicación a su parte trasera, la cual estaba siendo gozada profundamente por él, yo lo adivinaba por los movimientos. La chica, mientras disfrutaba de mi lengua que recorría su vagina ya húmeda al máximo en este momento, lamía los pechos y acariciaba la vagina de Pame, de vez en cuando acariciaba mis nalgas también, junto a las manos de Pame, que estaba pasándolo en grande, viendo en primer plano este maravilloso encuentro de placer.
Luego me saque el resto de la ropa que me quedaba y comencé a penetrarla despacito a mi pareja ocasional, o sea la chica jovencita. Pamela y el otro hombre nos dieron un poco de lugar. Mi pene estaba durísimo, y más al verla a Pame como estaba siendo cojida por ese hombre mayor, que sabía lo que hacía, porque a cada embestida de su pija en la concha de Pame, arrancaba gemidos profundos de placer y sentía como las manos de ella se aferraban a mi espalda, que en esos momentos se curvaban a cada embestida que hacía yo con mi pene dentro de la concha chiquita, jugosa y profunda de la chica.
La trataba de meter lo más hondo posible, sabía que le gustaba, porque ya había acabado unas cuantas veces y su concha se había vuelto una pequeña lagunita de fluidos, lo cual hacía una penetración mucho más cómoda. Estuve entrando y saliendo de ella un largo rato, tanto queme dolían los abdominales, porque de veradad que la quería ‘romper' de placer; ella se aferraba muy fuerte a mí y Pame gemía acompasadoy ví como ellos dos acababan y se retorcían y también yo me fui junto con la chica.
Así conocimos a esa linda parejita, de la cual no supimos ni sus nombres, ya que al levantarnos y arreglarnos las ropas, desaparecieron a los baños, y luego fuimos también nosotros y cuando salimos, ya no los encontramos. Lo único que sabemos es que ella tendría unos dieciocho a veinte años y el unos cuarenta y tantos largos, y que parecía extranjero por la forma de hablar.
No importa de dónde hayan sido, ni la edad, nos hicieron pasar una noche super agradable y Pamela me decía que fue como parte de regalo de cumpleaños (que yo había cumplido hacía unos días) esa jovencita tan copada.



